domingo, 17 de mayo de 2009

La miga

PLATERO Y YO


Si tú vinieras, Platero, con los demás niños, a la miga,
aprenderías el a, b, c, y escribirías palotes. Sabrías tanto como el
burro de las Figuras de cera - el amigo de la Sirenita del Mar, que
aparece coronado de flores de trapo, por el cristal que muestra a
ella, rosa toda, carne y oro, en su verde elemento - ; más que el
médico y el cura de Palos, Platero.
Pero, aunque no tienes más que cuatro años, ¡ eres tan
grandote y tan poco fino ! ¿ En qué sillita te ibas a sentar tú, en
qué mesa ibas tú a escribir, qué cartilla ni qué pluma te bastarían,
en qué lugar del corro ibas a cantar, di, el Credo ?
No. Doña Domitila - de hábito de Padre Jesús de Nazareno,
morado todo con el cordón amarillo, igual que Reyes, el
besuguero - , te tendría, a lo mejor, dos horas de rodillas en un
rincón del patio de los plátanos, o te daría con su larga caña seca
en las manos, o se comería la carne de membrillo de tu merienda,
o te pondría un papel ardiendo bajo el rabo y tan coloradas y tan
calientes las orejas como se le ponen al hijo del aperador cuando
va a llover...
No, Platero, no. Vente tú conmigo. Yo te enseñaré las flores
y las estrellas. Y no se reirán de ti como de un niño torpón, ni te
pondrán, cual si fueras lo que ellos llaman un burro, el gorro de los
ojos grandes ribeteados de añil y almagra, como los de las barcas
del río, con dos orejas dobles que las tuyas.

No hay comentarios: